Colaboración dentro de la empresa: haciendo de tu compañero tu aliado.

Las relaciones eficaces de colaboración entre laterales o compañeros son las más difíciles de establecer en las organizaciones, ya que suele existir una actitud natural de competencia en el trabajo entre las áreas, negocios, funciones y unidades geográficas. Al igual que en la política, en muchas ocasiones se original problemas profundos a partir de disputas superficiales que no han sabido ser resueltas por las partes. Un tema habitual de confrontación entre los colaboradores suele ser el sistema de remuneración y recompensa, donde siempre hay una percepción de “injusticia” y desequilibrio entre lo dado y lo recibido respecto a otros.

Una evaluación 360 es una herramienta de gran ayuda para medir las competencias blandas. Se denomina también “evaluación integral” porque considera todas las relaciones representativas que el evaluado tiene a su alrededor. La puntuación más baja en una evaluación 360º proviene significativamente de las valoraciones de sus compañeros, porque no cooperan. Con frecuencia estos problemas son el resultado de la naturaleza mejorable de la relación entre las partes, de no encontrar puntos en común con los compañeros, o no entender lo que quieren y necesitan. 

Se obtiene un gran beneficio para las organizaciones y, por supuesto, para las personas, cuando las relaciones laterales de colaboración funcionan. Estas conducen a un uso más eficaz del tiempo y de los recursos, y facilitan el intercambio libre de ideas y talento. Cuando no funcionan, se produce el desperdicio de esfuerzos y recursos con la consiguiente reducción de eficiencia.

Implicaciones y efectos del estilo de comunicación en las relaciones laborales

La implicación de nuestro compañero para poder convencerle del interés de lo que precisamos hacer con él es indispensable. Por eso es preciso trabajar en mejorar nuestro estilo de comunicación. Cada palabra que decimos así como nuestras acciones comunican “algo” sobre nosotros; esto afecta tanto a lo que queremos decir como a la manera en que lo decimos, y determina qué tipo de persona somos como comunicadores. Comprender cuál nuestro estilo de comunicación es un importante primer paso para aprender a relacionarnos de forma efectiva con los demás.

La manera de comunicarnos puede medirse en dos dimensiones: agresividad y expresividad.

  • La agresividad es el grado en el que el comportamiento de una persona es dominante o directivo. El comportamiento agresivo está orientado a tomar el control de la situación.
  • Por su parte, la expresividad es el grado en el que alguien es emocionalmente abierto y reactivo. El comportamiento expresivo incluye mostrar emociones y construir relaciones interpersonales.

Combinando las dos dimensiones se obtienen cuatro estilos de comunicación:

  1. Estilo directo = agresividad alta, expresividad baja
  2. Estilo enérgico = agresividad alta, expresividad alta
  3. Estilo metódico = agresividad baja, expresividad baja
  4. Estilo considerado = agresividad baja, expresividad alta

El estilo de comunicación de cada persona surge inconscientemente. El estilo que se utiliza con más frecuencia es el llamado estilo dominante. Cada uno de ellos tiene ciertas fortalezas y debilidades, que son:

Fortalezas:

  1. Estilo directo: Llega al fondo de la cuestión y habla de manera contundente. Mantiene el contacto ocular.
  2. Estilo enérgico: Es persuasivo y sabe “contar historias”. Se centra en el problema principal, y suele usar un discurso motivador.
  3. Estilo metódico: Se centra en hechos. Ofrece un discurso eficaz, y con frecuencia caracteriza a personas que organizan y ordenan eficientemente sus espacios de trabajo.
  4. Estilo considerado: Sabe escuchar y utiliza palabras de sustento, por lo que es buen consejero. Son personas que construyen relaciones de confianza.

Debilidades:

  1. Estilo directo: No sabe escuchar, es impaciente con los demás. No tiene en cuenta los consejos y le gusta discutir.
  2. Estilo energético: No escucha los detalles. Tiende a exagerar, generaliza y en ocasiones puede ser dramático.
  3. Estilo metódico: Se centra demasiado en detalles. Teme las revelaciones personales, por lo que tiende a ser escueto y a variar poco los matices expresivos en la comunicación.
  4. Estilo considerado: Evita los conflictos, por lo que en ocasiones puede ceder fácilmente. Se queda las opiniones para sí mismo y enfatiza en exceso los sentimientos.

Tips para mejorar nuestro estilo de comunicación

  • Realizar un cuestionario de autoevaluación de nuestro estilo de comunicación para identificar nuestro estilo predominante
  • Aprender a escuchar lo que los demás nos dicen antes de hablar, y practicar la escucha activa
  • Saber recibir feedback de lo que hacemos o decimos no como crítica, sino con una actitud positiva y de mejora.
  • No dejar conflictos sin resolver directamente y, en la medida de lo posible, intentar aprender a solucionarlos sin apelar a la autoridad del jefe.

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